
Este procedimiento ayuda al médico a detectar la posibilidad de problemas genéticos, metabólicos o neurológicos en el feto en desarrollo.
¿Cuándo realizarla?
Ya que la amniocentesis presenta un mínimo riesgo de aborto, de menos del 1%, sólo se indica para casos especiales en los que es importante confirmar el estado de salud del bebé. Si la madre es mayor de 35 años, tiene antecedentes familiares de problemas genéticos o se es portador de alguno de ellos, lo más recomendable es realizar esta prueba, para la detección temprana de anormalidades en el feto.
El momento del embarazo para realizar este examen es entre la semana 15 y la 20 del embarazo. En ocasiones también se recomienda una amniocentesis en el tercer trimestre de gestación, para comprobar el desarrollo de los pulmones del feto si hay riesgos de parto prematuro.
¿Cómo se realiza?
El procedimiento es completamente ambulatorio. Para comenzar, se realiza un ultrasonido para detectar la posición del feto y el saco amniótico. Posteriormente se inserta una aguja a través del abdomen, hasta llegar al útero, y se succionan unos 14 cc de líquido.
Luego del examen se recomienda a la madre descansar por el resto del día y evitar actividades fuertes durante la siguiente semana.
¿Por qué practicarla?
La amniocentesis permite la detección temprana de defectos congénitos que pueden tratarse antes del nacimiento. En estos casos, la acción temprana es fundamental para dar una mejor calidad de vida al recién nacido.
Cuando los defectos detectados no pueden ser tratados durante el embarazo, la información temprana ayuda a crear junto con el médico un plan de acción que le permita acceder a los mejores cuidados y tratamientos posibles.
Este examen debe ser indicado por el médico. Si considera que existen factores de riesgo por los cuales deba practicarse una amniocentesis, debe conversarlo con su especialista para recibir la mejor asesoría.